Rutina

Publicado: 15 noviembre, 2010 en Sin categoría

Muy pocas veces las personas logran escapar de la rutina, me considero una persona que de vez en cuando trata de hacerlo, romper con mis propios esquemas, me agrada de cierta manera, si es que no logran desequilibrar la paz que tanto me gusta contemplar en la soledad de mi cuarto. Pienso que la rutina es algo degenerativo, algo que te absorbe y que no te deja ver más allá de tus narices, te acostumbras a llevar un ritmo de vida tan fatuo que algunas veces te escabulles en la mentira de decir que eres feliz cuando no lo eres.

yo

Rompiendo la rutina con mi triciclo

El sistema estructural en el que vivimos nos hace seres humanos tan predecibles que muy pocos se sientan a sacarse el antifaz del rostro, como una vez leí en el primer bets seller de ASIMOV: “fundación”, donde los seres humanos se hacen tan manejables y volubles, condicionados a un sistema en decadencia, que se puede preveer que es lo que pasará en el futuro, manejando tan sólo las matemáticas, la historia y la psicología.

Desde que leí a COEHLO me siento cada vez más identificado con su forma de ver la vida, y el destino – que a decir verdad siempre considere utopico, creyendo que el único que lo podía manejar era yo, soy consecuencia de mis propios actos – pero a decir verdad, en el alquimista, se esboza una manera única que me parece fascinante, como es seguir las “señales” despertar del letargo de hacer siempre lo mismo y comenzar a mirar las señales que nos da la vida, seguirlas y a partir de ellas encontrar la felicidad, algo tal vez para algunor ridiculo, sin embargo comenzé a creer en esa posibilidad a partir de mis propias experiencias, cada vez que me sucede algo malo o no tomo la decision adecuada siempre pienso en que es una señal y que la desicion que tomé tiene que ver con la ideología descabellada de coehlo. Al final siempre termina en algo positivo para mi.

Lo que quiero dar a entender en este post es que para romper la rutina necesitamos de las señales, no renegar de ellas si es que al parecer nos sale mal, simplemente pensar en que hubiera pasado si es que tomaba otra decisión, por ejemplo el día que tome un carro equivocado y me salí por otra ruta a casa de mi amiga, luego tuve que esperar casi una hora para que pasara otro, pero siempre pensaba quizás si hubiera tomado desde un primer momento el carro de siempre hubiera llegado muerto o hubiera ocurrido algún accidente, tan sólo seguí una señal y ahora estoy vivo, – sé que suena un poco fatalista, pero en fin es lo que pienso- hay que verle las cosas bonitas a la vida y aprender y sacar lección de ella.

Hasta el próximo post.

Bienvenidos

Publicado: 14 noviembre, 2010 en Sin categoría

Espero que lo que hayan hecho el cambio a WordExpress esten al menos conformes, y bueno explicar a las personas que este blog esta basado en las experiencias que me han sucedido en este proceso de aprender en que todos estamos inmersos: me refiero ha aprender de la vida. Hay muchas cosas que no me quedan claras aún como por ejemplo si hay señales que debemos seguir y que seguimos muchas veces a regañadientes, y que al final siempre nos llevan a algo bueno. Me ha sucedido a mi y puede sucederle a cualquiera, creo que fue desde que leí paulo coelho que me sentí identificado, esto lo explicaré más adelante, tratare de escribir interdiario debo comenzar a hacerlo porque realmente algunas veces siento que pierdo la noción del tiempo y que no logro recordar mi pasado, incluso que me vuelvo adicto a mi profesión y no puedo hacer lo que más me gustaba de adolescente y joven: escribir. Un arte olvidado que esta volviendo a nacer.

recuerdos

recuerdos de mi niñez

Soy una persona poco convencional, mis hábitos humanos son muy hogareños, ahora último me ha apartado del mundo, se podría decir que soy un enajenado, ayudó mucho el que perdiera mi celular, que a decir verdad no se perdió sino que murió de viejito, es decir la batería moría cada hora.

Bueno soy soltero, y me gusta mi soltería, aunque algunos crean que no soy feliz, si lo soy o al menos lo intento, siempre he tratado de ayudar a mis semejantes, necesito una funda dicen pero por ahora estar sólo me sienta bien: y eso no quiere decir que deteste la idea de formar un núcleo familiar y establecerme como ser humano, sino simplemente a una decisión que me llevó tiempo comprender y que lo explicaré en un posterior post, al margen de los errores que hubiera cometido, no soy cristiano, pero trato de ser una buena persona en esta sociedad que cada día me apena más.

Un fuerte abrazo y bienvenidos.

 

Quiero escribir lo q voy a exponer en mi maestría
…………..

Bueno comenzar por preguntarnos qué es el empirismo? es aquella corriente que nos dice que todo conocimiento nace de la experiencia,

la historia del empirismo o como surge?
el empirismo toma a sus principales representantes en el círculo de viena, pero luego con la incursión del filosofo Carnap adquiere otra connotación, el de EMPIRISMO LOGICO puesto que ahora muy aparte de la experiencia se tiene que demostrar en un sentido lógico necesariiamente los enunciados, luego viene un estado de transición con Popper que hace una severa crítica a esta tipo de corriente mediante dos planteamientos: el falsasionismo y la constratación.
lO QUE QUERÍA EL CIRCULO DE VIENA era unificar toda la ciencia con un sólo metodo y que sea uniforme, claramente esto no lo LOGRA.

Primero por una critica certera de O. Quine quien mediante sus postulados hace ver cuan ciegos estabamos de la ciencia: 1) los dos dogmas del empirismo y su ontología del analisis logico hace tambalear a los empiristas lógicos de viena, mas él sólo quiere liberar a la ciencia de dichos dogmas y prejuicios pero al postular eso lo que hace es desarmar todo lo que quería o propiciaba el circulo de viena.

Luego vendría tomás khun y plantearía sus paradigmas cientificos.
Los siguientes filosofós de la ciencia se encargaron de destruir lo que quedaba del circulo de viena…

 

10/01 10:21 PM

 

El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído.
El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor: Oscar Wilde.
Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso. El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso. Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.
Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades – diosas del bosque – y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
– ¿Por qué lloras? – le preguntaron las Oréades.
– Lloro por Narciso – repuso el lago.
– ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! – prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
– ¿Pero Narciso era bello? – preguntó el lago.
– ¿Quién si no tú podría saberlo? – respondieron, sorprendidas, las
Oréades -. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba
para contemplarse todos los días.

El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
– Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.
Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.

– ¡Qué bella historia! – dijo el Alquimista.

24/06/2009 10:00 PM

ME
levanto. Abro las cortinas. Me sorprende el olor violento/podrido de la
playa. Las cierro. Pienso: no es luz lo que necesito, sino la oscuridad
piadosa de la calma que me permita ir distinguiendo, poco a poco, los
restos dejados anoche por los amigos en la fiesta: botellas de cerveza,
platos de comida, libros abiertos que nunca se leyeron, centenares de
colillas esparcidas como arañas en la sala. Me siento: respiro. Voy al
baño. Me miro en el espejo. Me refresco la boca/ los ojos: resecos como
cañas. Vuelvo a acostarme: todavía tengo sueño, dolor de cabeza, deseos
de olvidar lo sucedido. Quiero saber la hora, no puedo: el reloj lo
estrellé cuando alguien habló de "los latidos sagrados de la dicha".
Debe ser mediodía. O más: la desidia, el cansancio, el sentido de la
culpa me lo indican. De pronto, como si un astro se rompiera, sé dónde
debo ir: donde Marcela. Oh, Dios, atravesar toda la ciudad y ver que se
disuelve lentamente como un puercoespín en su pesadilla irreverente de
inquietudes. Llegar a su casa de adobes. Detenerme un largo rato:
indeciso, cansado como rata. Tocar su puerta. Soportar la mirada odiosa
de su madre que me señala con su dedo encorvado donde debo esperar. Qué
importa. Lo importante es ver a Marcela, que aparece, al fin, con su
eterno vestido gris, sus labios sin pintar y esos ojos que parecen
siempre mirar donde nunca hemos estado y donde jamás (tal vez) habremos
de llegar. Entre las penumbras del corredor voy a su encuentro. Me
dice: ven, vamos a mi cuarto. Allí la veo hojear con delicadeza y
ternura revistas pasadas de moda. De pronto, las deja en el suelo:
cuéntame algo. Yo sé que mis historias fastidian a Marcela y no sé que
contarle. Cuando un día descubrí: le interesaban mis sueños. Pero lo
curioso es que casi nunca sueño. Además, cuando sueño, trato de
olvidarlo. Sin embargo, para Marcela, invento mis sueños. Y ella
siempre me escucha en silencio, como si estuviese poblada de ruinas.
Cuando termino recorre mi cara con sus manos como si fuese una
cieguita: como si no me conociera. Luego se levanta y pone, hora tras
hora, música de cantantes antiguos. Hasta que la madre de Marcela viene
y me dice con su dedo encorvado: "es hora de retirarse". Entonces me
voy, como un sonámbulo, tanteando las paredes del corredor entre
penumbras. Qué lástima, ha salido el sol. Marcela y yo lo odiamos como
perros. Cuando hace frío ella me pide que le hable de mi infancia: ese
país casi inexistente, donde, a pesar de todo, todavía perduran las
lluvias y el olor de los duraznos. Pienso: debería llevarle un regalo:
un cuaderno con páginas en blanco, donde pueda escribir, con su letra
de alumna malcriada, sus largos poemas sin sentido: poblados de pisadas
de gatos, de tarros de basura, de rosas ajadas en el viento. Poemas que
a veces me lee cuando no tenemos nada que decirnos, salvo compartir la
historia de mis sueños. Recuerdo: una vez la convencí para salir a
caminar, a pesar que hacía un sol irritante. Era domingo. De pronto no
supe qué hacer con ella: sólo recorrer las calles cerca del mar y
avisarnos cada vez que veíamos un rostro que reflejara dudas o
desdicha. Sin querer llegamos a un Museo donde las familias se aburrían
como nosotros, mirando aves y leones disecados. Cuando salimos, eran
como las seis, detuve a Marcela: la besé. Me dijo: por qué. No supe
responderle. Durante días dejé de verla. Cuando volví a visitarla me
dijo: si nos seguimos viendo te llevaré a un parque donde los niños
juegan con las sombras, allí podremos leer algo que nos guste. Quizá
esto sea una mentira, pero tómalo en cuenta. Tal vez hoy pueda ir donde
Marcela y quiera salir de su casa (en vez de escribir poemas) y
llevarme a un parque donde los niños juegan, a pesar de todo, con las
sombras, mientras compran bolsitas de maní a vendedoras de voces
aburridas. Y si no desea, le contaré un sueño que en realidad lo he
soñado y que no he podido olvidarlo, sacarlo de mi memoria, donde flota
como un moribundo entre cenizas. "Voy por un camino lleno de lodo,
iluminado por una gran luna llena, en un carro antiguo. Estoy contento.
Llevo el caballo paso a paso. De vez en cuando hablo con él. ("¿Cómo te
tratan las lluvias? ¿Te dan pienso todos los días?"). A los lados
crecen enormes y serenos álamos, casi al pie de acequias borrosas y
picadas. De pronto aparecen varios niños: me piden que los lleve. Suben
cantando una ronda infantil. En un recodo me detiene una pareja de
ancianos: también me piden que los lleve. Después, varias muchachas
campesinas. Luego, familias enteras escapando a los desastres de la
guerra. El caballo me mira. No puede caminar. Comprendo: la infinidad
de su desdicha. Me bajo. Le digo: si no caminas te mato. ("Con los
animales no se puede ser demasiado bondadoso", me decía mi padre, en
las noches, al regresar de la faena). El caballo baja resignado la
cabeza. Trata de moverse. Imposible. Entonces saco mi cuchillo y se lo
hundo en el cuello. Un chorro de sangre me salta a la cara y me ciega".
Siento que alguien sube las escaleras de la casa. Debe ser Silvia. Sólo
ella tiene esos pasos de zorzal arrepentido. La puerta está sin llave.
Silvia la abre: se queda asombrada. ¡Qué desorden!, exclama. Parece que
anoche fue muy movida la fiesta. Déjame que corra las cortinas. No, no
las corras. Como quieras. ¿Por qué no te levantas? ¿Estás enfermo? Ya
son las cuatro. No, estoy bien, pero no deseo levantarme. No quiero ir
a ninguna parte. Quedémonos aquí. Silvia se acerca, me mira. Pasa su
mano suavemente por mi rostro: un desconocido. No te has afeitado;
aféitate, mientras limpio y ordeno la pieza. Yo no deseo afeitarme.
Cierro los ojos. En algún momento tendrá que desvestirse. Su cuerpo,
como otras veces, se deslizará como un cuchillo imperturbable junto al
mío. Te siento muy raro, me dice. No hablas. Estás a oscuras. No
quieres salir. Seguro que anoche volviste a soñar con esa joven llamada
Marcela. ¿Por qué no cambias de sueño? Hace mucho que sueñas lo mismo.
Te equivocas. Anoche no soñé con Marcela. Soñé que mataba un caballo y
que su sangre me dejaba ciego para siempre.

04/01/2009 12:20 AM

Aprender, en primer lugar, es “robar”. Ustedes recuerdan aquella preciosa anécdota de Tagore:

Cuenta que un día, un gran músico, amigo de su padre, llegó a su casa a
pasar a pasar un rato con ellos. Transcuridos algunos días, el músico,
un poco avergonzado, preguntó a la madre, si podía darle clase de
música a su hijo. La madre, orgullosa aceptó de buena gana. Pero dice
Tagore; “, como quiso enseñarme yo no aprendí. Sin embargo, al
mediodía, después de comer, nos daba un concierto maravilloso todos los
días. Ahí, aprendí yo; ahí robé todo lo que había de belleza, de arte y
de armonía en aquella hermosa exhibición musical”

A esto se le
llama ahora el aprendizaje o el “conocimiento robado”, y yo me
pregunto: ¿hay algún sitio donde se pueda robar mejor que en la red? lo
malo es que entren nuestros alumnos en la red sin saber lo que es
robar, ni cómo hacerlo; si yo asisto a una conferencia, leo un libro,
tengo un encuentro, asisto a una clase y no robo ni una sola idea,
evidentemente para mí eso no ha valido para nada. Todavía esta
expresión de robar tiene más sentido, si cabe, al contraponer nuestra
sociedad a la sociedad antigua en la que apenas existían conocimientos
y lo que había que hacer era reunirlos y transmitirlos para que no se
perdieran. Ahora en cambio, cuando estamos sobresaturados de
conocimiento, lo que importa no es reunirlos, ni reproducirlos, sino
seleccionarlos, robarlos en función de nuestros inrtereses personales.
Es lo que hace el ladrón que no se apodera de lo primero que encuentra
sino que selecciona lo que hay de más valor. De esa forma, interpreta y
ejecuta su papel. Cuando escuchamos una conversación o leemos un libro,
seleccionamos las ideas principales que nos permiten interpretar el
pensamiento del amigo o del autor del libro. Se trata de aprender no
desde la oferta que nos hacen, sino desde la demanda con la que nos
acercamos. Si se trata de una clase nos podríamos preguntar ¿cual es el
interés de cada estudiante?, ¿que es lo que busca el estudiante?

Aprender también se puede entender como una forma de amueblar nuestra
cabeza. Se dice en el lenguaje coloquial de una persona muy inteligente
que tiene la cabeza bien amueblada. Cuando alguien va a una tienda a
comprar muebles actúa con sentido común. Evidentemente no tiene sentido
poner los muebles del comedor en el baño, y los muebles del baño en el
dormitorio. Amueblar quiere decir poner los muebles adecuados en cada
parte de la casa. De la misma manera, aprender es colocar cada idea o
cada conocimiento en su sitio, y utilizar esas ideas o conocimientos
como se utilizan los muebles cuando la casa está debidamnete habitada.
Nada peor que una casa mal amueblada o deshabitada. Les contaré una
pequeña anécdota. Cuando se estaba a punto d eproducir la independencia
del Congo belga, los nativos no tenían otra ilusión que ver cómo podían
ocupar las casas de los blancos. Cuenta un famoso antropólogo que
siguió el comportamiento de los congoleños después de la independencia,
que los nativos, una vez que se hubieron marchado los belgas ocuparon
sus casas pero extrañamente ocupaban sólo una habitación; allí comían,
dormían, y pasaban el día y la noche. Habían dado el salto de la cabaña
a la casa, pero seguían anclados en la cultura de la cabaña. Estaban en
la casa, pero la casa seguía deshabitada. Les sobraban todas las
habitaciones. Una cabeza mal organizada o improductiva es como una casa
mal amueblada o deshabitada. No podemos estar ayudando a un alumno a
aprender y dejarle simplemente en una sola habitación (la memoria, la
reproducción de conocimientos…) ¿qué hace con el resto de las
habitaciones? Hay que ayudarles a tener una cabeza bien amueblada y
habitada.

Tercero, aprender es elaborar. Si yo selecciono
algo de la información recibida (robar) y lo organizo en mi cabeza
(amueblar) ya he transformado la información en conocimiento, pero
necesito elaborarlo para que se convierta en conocimiento o
construcción mía personal. La mejor forma de entender esta construcción
personal es la que sugiere el color cuando se funde con otro color.
Mientras que la metáfora del ladrillo es confusa porque los ladrillos
de un edificio, una vez puestos, permanecen indisolubles y separados,
el color se funde con el otro color transformándose en algo diferente a
los dos originales. La fusión del conocimento previo con los
conocimientos nuevos en el aprendizaje indica la unidad y singularidad
de la construcción personal del conocimiento. De esta forma, se
entiende lo que dicen los expertos al señalar que lo más importante al
aprender algo no es lo lo que se va a aprender, sino lo que se tiene ya
aprendido. Esto explica que varias personas estén aprendiendo lo mismo
y, sin embargo, entiendan cosas diferentes. El mismo hecho puede ser
interpretado de forma diferente por diferentes personas.

Aprender es, sobre todo, probar y aplicar los conocimientos o
habilidades aprendidas. Para aprender a andar en bicicleta se necesita
la ayuda de alguien que ayude a mantener el equilibrio mientras se
mueven los pedales. Cuando ya se ha conseguido la habilidad y se siente
uno seguro, exige que le dejen solo, para demostrarse a sí mismo y a
los demás el dominio de la bicicleta. Es entonces cuando surge lo mejor
del aprendizaje. El aprendiz empieza entonces a mostrar todo su
repertorio: quita las manos del manillar, levanta la rueda delantera,
se pone en pie encima del sillín, etc. ,es decir, empieza a exhibir
todas las destrezas adquiridas. A medida que la seguridad y dominio de
la bicicleta avanzan, el aprrendiz utiliza esas habilidades para
trasladarse con la bicicleta de un sitio a otro, pasear con los amigos
o participar en algunas competiciones. Incluso es capaz de encontrarle
aplicaciones novedosas y originales. Ha descubierto el sentido lúdico y
aplicado de sus habilidades. Si trasladamos este aprendizaje al ámbito
escolar, nos daremos cuenta de la diferencia que separa a los dos
procesos. En la escuela, en cuanto aprendemos algo, enseguida mos
mandan aprender otra cosa, sin dejarnos disfrutar de lo aprendido ni
aplicarlo como se merece. Sería como aprender a andar en bicicleta y
sin disfrutar de ella, aprender inmediatamente a esquiar, a jugar al
golf o al baloncesto. De esta forma, privamos a nuestros alumnos del
placer y la utilidad de lo que aprenden, con lo cual los conocimientos
adquiridos en la escuela se convierten en conocimientos inertes,
desmotivadores, que se van con el chorro de la ducha después de los
exámenes. Olvidamos que el aprendizaje y la construcción del
conocimiento no significan sólo un estado-pasar de no saber a saber-
sino, sobre todo, una capacidad, es decir, poder hacer algo con lo
aprendido: relacionar, explicar, comparar, criticar y, de manera
especial, cambiar y modificar la realidad a la que se refiere el propio
conocimiento. Con cada conocieinto aprendido adquiero una capacidad que
antes no poseía. Por eso se dice ahora acertadamente que el
conocimiento es poder.

Hay una anécdota de Bruner que revela el
sentido y la fuerza del conocimiento. Un estudiante suyo, muy
preocupado por el estancamiento de una parte de su tesis, le preguntó
qué podía hacer con algo que era sustancial para su trabajo pero que no
acababa de entender. Bruner le sugirió que lo aplicara. El estudiante,
extrañado, le dijo: -¿cómo voy a aplicarlo si no lo entiendo? Y Bruner
le replicó con rotundidad: -¿cómo lo va a entender Vd, si no lo
aplica?. La saludable costumbre de probar y aplicar permite descubrir
el sentido y la potencia de los conocimientos y habilidades adquiridas.

Aprender es evaluar, pesar, el grado o nivel de los conocimientos
alcanzados y, por lo mismo, tener una medida del estado de meta
previamente formulada. Ya no se trata sólo de comprobar el cumplimiento
de las metas establecidas, sino también, y en especial, del
funcionamiento correcto o equivocado de todo el proceso de aprender. Si
es importante aprender, es tanto o más importante conocer los errores
cometidos para mejorar el aprendizaje siguiente. Aprender de los
errores es otra manera de ver el aprendizaje, y de conseguir una
segunda dimensión del mismo, que es aprender a aprender.

Renzo Eduardo Cortez de la Cruz – Ensayo de mis días de universitario…. 2005

Abstracto:
A partir de las diferentes fuentes documentales que he podido recoger,
me he permitido realizar este ensayo, que se enrumba en los documentos
y la cronología histórica, teniendo muy en cuenta para mejor capacidad
de entendimiento de los lectores, ejemplos de nuestra historia peruana,
además nos brinda un nutrido enfoque de cómo es que los historiadores
se ubican en el tiempo dentro de el hecho histórico, mostrándonos al
tiempo histórico como un cambio permanente y la cronología como modo de
adquirir un sentido histórico del tiempo: es así que se puede
vislumbrar la importancia que tienen los historiadores en la
construcción de una verdadera ciencia histórica.

La ciencia histórica y los documentos históricos

Durante casi cuarenta años (1892 – 1933) se pensó la historia como un
ente narrativo y romántico, durante el transcurso de los años los
historiadores comenzaron a darle un enfoque más sintético y analítico
frente a los límites y las condiciones de la historia, así poco a poco
fue absorbida por el positivismo.

Es así que se nos viene en
mente: ¿Cuál es la finalidad de recoger documentos? Desde la antigüedad
la ciencia histórica recoge documentos “históricos escritos” para
convertirlos en testimonios, rescatando así estos datos: oculares y
auditivos o por transmisión oral del pasado, que llegaban a los
historiadores de esa época, y que son necesarios en el presente para
construir la historia.

Definitivamente encontrar documentos
inéditos sirve de mucho para construir nuestro pasado histórico,
recordemos si no los documentos inéditos que encontró el historiador
Waldemar Espinoza, para fundamentar que la destrucción del imperio de
los Incas no fue hecha por los españoles sino por los traidores,
chancas, cañaris y demás pueblos indígenas que estaban disconformes con
el imperio y querían su libertad, mas solo cambiaron de amo.

¿La
historia posee un método para el análisis de los documentos? La
historia era puramente construida por textos sin poseer aún un método o
técnica definido; sin darle un nuevo enfoque, perspectiva ni critica.
Los estudiosos modernos se apoyaban en textos, los analizaban pero sin
tomar en cuenta los aspectos económicos de la realidad social. No
existía ni la más mínima crítica de un texto, la historia se hace
exclusivamente con palabras, fechas, nombres de lugares y de hombres.
Es por eso que en esta etapa de los documentos de historia, vemos que
no se había consolidado su autenticidad es decir, no se cuestionaba la
validez de los hechos históricos recopilados.

¿Cuál es la forma
de tratar un documento? Los problemas tenían un origen que circundaba
en la revisión del valor del documento. No hay equivocación: desde todo
punto es evidente que desde la existencia de una disciplina como la
historia se han utilizado documentos, se les ha interrogado,
interrogándose también sobre ellos; se les ha pedido no sólo lo que
querían decir, sino si decían bien la verdad, y con qué título podían
pretenderlo; si eran sinceros o falsificadores, bien informados o
ignorantes, auténticos o alterados. Pero cada una de estas preguntas y
toda esa gran inquietud crítica apuntaban a un mismo fin: reconstituir,
a partir de lo que dicen esos documentos –y a veces a medias palabras-
el pasado del que emanan y que ahora ha quedado desvanecido muy detrás
de ellos; el documento seguía tratándose como el lenguaje de una voz
reducida ahora al silencio: su frágil rastro, pero afortunadamente
descifrable.

¿Qué influencia tiene el historiador sobre los
documentos? La influencia del historiador sobre los documentos, su
objetividad en el hecho histórico gira alrededor de la conciencia de su
construcción, la inocencia del documento hace que sean manipulables,
sin embargo, esto no debe caer en escepticismo ni en un abandono de la
noción de verdad en la historia; al contrario, los continuos progresos
en la denuncia de estas modificaciones y falsificaciones permiten ser
aún más optimistas.

¿De qué manera se contrastar las fuentes y
hacer una interpretación de la historia objetiva? Todas las fuentes son
-de una u otra manera- testimonio, huella del pasado. Entonces se
tendrá que distinguir entre aquellas que fueron presentes en el pasado
de interés y hoy se presentan, como tradición, y, aquellas que
existieron como presente y que hoy aún existen en tanto pasado, es
decir: los archivos, los materiales arqueológicos, los museos, etc. En
cualquiera de estos casos sabe que, al interrogar las fuentes, ellas
responderán como pasado.

 Entonces se comenzó a elaborar métodos
de crítica científica para que la historia adquiriera un sentido de
ciencia. Posteriormente en el siglo XX se hizo la critica de la noción
de hecho histórico, así como la critica del documento, que no es un
material “pulcro”, sino que expresa la critica de la sociedad del
pasado sobre la memoria y el futuro: es así que se recogen archivos
orales y etnotextos. Esta crítica, para ser responsable, debe hacerse
con los instrumentos del presente, pero entendiendo y manteniendo la
fuente y el hecho como pasados. Como ella nos brinda -como resultado-
la veracidad de los hechos, nos permite -en términos historiográficos-
presentar una descripción ordenada de los mismos. Hasta el momento, el
historiador en el presente y los hechos en el pasado, han mantenido una
relativa autonomía. El problema empieza a presentarse cuando ese
historiador, frente a los hechos, empieza a relacionarlos y a
preguntarles por sus formas de existir en el pasado y en la manera en
que ellos fueron significativos para su tiempo.

Aquí el
historiador requiere de instrumentos que se permitan interpretar
fuentes, no solo como informadores del hecho sino aleccionadoras sobre
los órdenes, las jerarquías, los valores y las formas de establecer
relaciones en ese pasado, fijando su propia valoración y significación.
No basta aquí la fijación del texto pasado, es necesario rebasarlo con
una hermenéutica que guíe, más que al historiador, al pasado en su
propia interpretación. En este nivel el historiador ha conseguido que
ese pasado se reconozca a sí mismo y como tal devele su proyecto. El
siguiente paso es un poco más complejo. Aquí el historiador no se
limita a preguntar por la trascendencia o el significado del pasado
para sí mismo, él -como parte e instrumento de un presente- interroga
al pasado por el pasado mismo y por su trascendencia y significación en
el presente. Pareciera aquí que el historiador le pidiera al pasado que
se hiciera presente, o que el historiador -como presente- se trasladara
al pasado con el peligro de aplicar al pasado los parámetros del
presente, cometiendo un anacronismo atroz.

Es así que surge la
pregunta: ¿Se alcanza realmente los hechos históricos a partir de los
textos? La historia se encargaba de establecer hechos y después operar
a partir de ellos, que ella se componía únicamente de acontecimientos.
El hecho es el átomo de la historia pero la influencia del tiempo y
lugar (espacio) esta interrelacionado con los hechos históricos. ¿Con
qué objetividad el historiador descarta de los documentos los hechos
importantes de los que no tienen relevancia, tiene él suficiente
criterio para realizar dicha elección? Cuando los documentos son
abundantes el historiador simplifica y relega hechos históricos. Además
establece cierta jerarquía. Algunos historiadores remueven y amasan
hechos para después dejarlos en la deriva. Elaborar un hecho es
construir, es dar soluciones a un problema. La hipótesis no era la vía
para lograr la objetividad histórica e incluso iba contra la ciencia
misma.

La influencia del presente en el pasado histórico es
renuente en los historiadores, así también no se puede negar su vínculo
con el pasado de la humanidad. La historia es la ciencia del hombre y
también de los hechos pero de los hechos humanos, la tarea del
historiador es volver a encontrar los hombres que han vivido hechos y a
los que, más tarde, se alojaron en ellos para interpretarlos en cada
caso. Los textos humanos están repletos de sustancias humanas, todos
tienen su historia suenan de forma diferente según los tiempos e
incluso se designan objetos materiales, es así que hay que utilizar
todos los textos y no tener prejuicios ni privilegios para uno y otro,
estos archivos si se da un enfoque distinto puede servir para
reconstruir la historia.